La Inteligencia Emocional

El principal recurso de una empresa reside en las personas que forman parte de ella. La Inteligencia Emocional es una competencia cada vez más demandada a los trabajadores y, sobre todo, a los líderes. Saber gestionar las emociones se ha convertido en una práctica indispensable para ejercer un buen liderazgo dentro de un negocio. Por ello vamos a repasar los puntos más importantes de esta habilidad.

Origen del término ‘Inteligencia Emocional’

Según el psicólogo y periodista Daniel Goleman, el término ‘Inteligencia Emocional’ se remonta al año 1990, aunque se popularizó gracias al best-seller que él mismo publicó en 1995. Fue creado por los psicólogos John Mayer, de la Universidad de New Hampshire, y Peter Salovey, de la Universidad de Yale. Lo definían como «la capacidad para supervisar los sentimientos y las emociones de uno/a mismo/a y de los demás, de discriminar entre ellos y de usar esta información para la orientación de la acción y el pensamiento propios».

Sin embargo, el propio Goleman señala la importancia de investigaciones anteriores para el nacimiento de esta competencia. Hasta inicios de los años 70 del siglo XX la creencia más extendida era que el éxito dependía exclusivamente de la capacidad intelectual. De ahí que los test de inteligencia se utilizasen para predecir el éxito profesional. Fue David McClelland, profesor de la Universidad de Harvard, el que comenzó a investigar sobre el tema. Se desvinculó de las aptitudes académicas tradicionales para señalar que la empatía, la autodisciplina y la auto motivación eran competencias más importantes para medir el grado de desempeño laboral de una persona.

Todas estas ideas las plasmó McClelland en un artículo publicado en 1973. En él definía el concepto de «competencia» como un conjunto de hábitos orientados a un desempeño laboral más eficaz, es decir, «aumenta el valor económico de esfuerzo que una persona realiza en el mundo laboral», según recoge Goleman.

Habilidades básicas de la Inteligencia Emocional

Mayer y Salovey señalaron las cuatro habilidades básicas de la Inteligencia Emocional:

  1. La percepción emocional: el grado en el que las personas pueden identificar convenientemente sus propias emociones, incluyendo los estados y sensaciones fisiológicas y cognitivas. Además, la capacidad de valorar y expresar esas emociones con precisión.
  2. La facilitación o asimilación emocional: cómo las emociones afectan al sistema cognitivo y cómo nuestros estados afectivos ayudan a la toma de decisiones. Se trata de la capacidad de experimentar ciertos sentimientos o generarlos para facilitar el entendimiento de uno mismo o de otra persona.
  3. La comprensión emocional: clasificar las emociones y reconocer las distintas categorías de los sentimientos para poder conocer las causas del estado anímico y las consecuencias de nuestras acciones.
  4. La regulación emocional: regular las emociones, tanto propias como ajenas, y moderar las negativas para intensificar las positivas. De esta manera se fomenta un crecimiento emocional e intelectual.

Estas cuatro habilidades de la Inteligencia Emocional forman parte de las competencias que las empresas empiezan a exigir no solamente a sus líderes, sino también a todos los trabajadores. Es una de las materias que incluye nuestro Máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos y Desarrollo Personal. Lo imparten responsables de RR.HH. y consultores de empresas líderes en su actividad.

Aplicando los conceptos de la Inteligencia Emocional llegamos a la conclusión de que los mejores líderes son personas motivadoras, que despiertan el entusiasmo de los trabajadores y alientan lo mejor de ellos. En definitiva, sus principales valores son la empatía, la autodisciplina y la auto motivación, aquellos que destacaba McClelland. Nosotros os ofrecemos la posibilidad de mejorar tanto en lo personal como en lo profesional con el Máster en Liderazgo y Gestión de Equipos.