El líder ¿nace o se hace?: despejando el dilema de siempre

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Pasa el tiempo y seguimos con la duda de si un líder nace o se hace. En este artículo intentamos despejarla.

Por un lado, si decimos que el líder nace, tenemos una persona con habilidades innatas pero sin ningún tipo de formación para gestionar equipos. Por otro lado está, aquella persona que no cuenta con actitudes de líder, pero ha pasado su vida formándose para dirigir equipos. ¿Quién será mejor líder?.

Lo primero entender ¿qué es el liderazgo?

La Wikipedia (que todo lo sabe) dice:

“El liderazgo es el conjunto de habilidades gerenciales o directivas que un individuo tiene para influir en la forma de ser o actuar de las personas o en un grupo de trabajo determinado, haciendo que este equipo trabaje con entusiasmo hacia el logro de sus metas y objetivos. También se entiende como la capacidad de delegar, tomar la iniciativa, gestionar, convocar, promover, incentivar, motivar y evaluar un proyecto, de forma eficaz y eficiente, sea éste personal, gerencial o institucional (dentro del proceso administrativo de la organización).”

Ahora bien, el líder ¿nace o se hace?

El liderazgo es una condición inherente a la personalidad de cada quien. No vamos a la escuela a prepararnos para ser líderes, sino que es una actitud propia de la psiquis de cada individuo. De hecho, podemos ver, cómo desde pequeños en una guardería o clase, esta habilidad ya está presente en algunos niños, que ejercen influencia sobre el resto de sus compañeros.

Sin embargo, para llegar a ser un buen líder y aprender a gestionar equipos a nivel organizacional, no basta con tener “madera de líder”, sino que se hace necesario afinar y ampliar el bagaje intelectual para enfrentar de la mejor manera los retos diarios que se vayan presentando en los distintos niveles de competencias de la empresa.

Es difícil establecer una línea divisoria entre la carga vital que acompaña e inclina a un líder hacia determinado rango o nivel de ocupación gerencial y las capacidades adquiridas a través de la formación. La iniciativa, definida como la capacidad de emprender ideas innovadoras, puede considerarse como algo innato pero, ampliar la visión de lo que se quiere hacer y la forma de llevarla a la práctica, es un ejercicio que se puede mejorar sólo a través del aprendizaje y la experiencia.

De allí que, para alcanzar niveles de excelencia es necesario, más bien imprescindible, prepararse de forma permanente, estar atentos a las nuevas corrientes de acción, y prodigar con sello propio, ideas y proyectos que estén enmarcados en esas visiones innovadoras y de progreso.

Liderar es, saber manejar un equipo de trabajo, de voluntades y, para ello, el líder debe estar preparado a fin de mantener el equilibrio necesario para el éxito. En este punto se funden en una sola persona, el líder y el dirigente. Líder para motivar y dirigente para conservar en su justo funcionamiento las diferentes piezas de engranaje afectivo y laboral.

¿Cuáles son las capacidades innatas de un líder?

Un líder por naturaleza es:

  • Estratega: pone sobre la mesa los objetivos que se aspiran lograr y plantea sus posibles vías de realización.
  • Proactivo: se adelanta a los acontecimientos.
  • Motivador: mantiene una actitud positiva y motiva a su equipo.
  • Empático: se pone en el lugar de los demás y es capaz de establecer conexión emocional.
  • Resiliente: saca provecho de los errores u obstáculos.
  • Innovador: está a favor de los cambios y genera ideas disruptivas.

Estas capacidades innatas deben ser reforzadas con un conocimiento teórico empírico que le de soporte y amplíe las posibilidades de actuar al líder de manera integral:

  • Marco teórico-legal del área que ejerce: conocimientos técnicos y jurídicos del sector.
  • Competencias digitales: indispensables para ejercer cualquier cargo laboral hoy en día, más aún si se trata de cargos gerenciales y/o directivos.
  • Estrategias para el manejo de equipos y procesos gerenciales: que permitan mejorar la eficiencia y la productividad empresarial.
  • Desarrollo de las competencias propias del líder y responsables de equipos: para complementar las habilidades innatas que posee.

A partir de lo expuesto, damos respuesta al dilema inicial, el líder ¿nace o se hace?: el buen líder nace y se hace,  ya que es resultado de habilidades innatas complementada con la formación y la experiencia.

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