La necesidad de tener formación económica y financiera para los directivos no financieros

La planificación de la gestión económica y financiera (ECOFIN, en adelante) es fundamental en la definición de la estrategia general de la empresa y uno de los aspectos en los que mayor atención ha de prestar el máximo responsable de la empresa, especialmente en la coyuntura actual.

La gestión ECOFIN de la empresa tiene un doble objetivo: por una parte, destinar los siempre escasos recursos económicos a los mejores fines y, por otra parte, captar esos fondos en las mejores condiciones.

La constancia de que el concepto mejor corresponde a conceptos y destinos diferentes, hace que haya tantas políticas ECOFIN como gestores y que, por lo tanto, los resultados sean diversos, en su signo y magnitud.  Todos nos enfrentamos a la misma situación, pero no todos obtenemos los mismos resultados.

La consideración de responsabilidad empresarial (RSE) ha aumentado el número de agentes implicados en la valoración de los “mejores” resultados, pues ya no es aceptable su medición exclusivamente mediante la cuenta de pérdidas y ganancias: los trabajadores, los clientes, los proveedores, la sociedad se ven beneficiados o perjudicados por la actividad de la empresa. Y no sólo los presentes, sino que además debe tenerse en cuenta la sostenibilidad futura.

Por lo tanto, es prioritario por parte de la Dirección General fijar el marco de actuación en el que la gestión ECOFIN puede desarrollar su actividad.  Y hay dos tareas clave:

  • Determinar la supeditación y cohesión con la estrategia y resultado general de la empresa, por la íntima interrelación con otras funciones de la empresa (comercial, producción, compras, RRHH, I+D, marketing) y por la competencia por los recursos económicos.
  • Definir el nivel de riesgo aceptable, lo que condicionará las pautas en las políticas de inversión y de financiación.

Las políticas de la gestión ECOFIN no caen del cielo, ni tampoco los resultados: somos los directivos quienes orientamos la empresa hacia unas posiciones u otras, que en contacto con los acontecimientos externos (factores sociales, políticos, macroeconómicos, legales y otros) y las decisiones ajenas (de la competencia, clientes, proveedores, otros agentes) hacen que la posición de nuestra empresa se fortalezca o se debilite.

Es imprescindible la formación académica para conocer las consecuencias ECOFIN que tiene provocar un apalancamiento financiero elevado, inclinarnos por la compra o el alquiler de un elemento de inversión, fomentar la contratación o la subcontratación de tareas, tener un predominio de gastos fijos sobre los variables, financiarnos con capital ajeno o propio, bajar los precios o ampliar el crédito a los clientes, repartir dividendo o incrementar reservas. Y así con cientos de decisiones ECOFIN que se toman en el desarrollo de la actividad de la empresa.

No es lo mismo una elección que otra y hemos de decidir. Las consecuencias de quienes así lo han ignorado, se van viendo en los últimos meses.

Creo que es una tremenda irresponsabilidad para cualquier directivo ignorar que una decisión arriesgada y equivocada en el ámbito ECOFIN puede conllevar la desaparición de la empresa en un breve espacio de tiempo. Además del perjuicio propio (que no sólo es económico, sino que puede tener trascendencia en el entorno judicial), no se puede obviar el inmenso daño que provoca en sus trabajadores, en sus proveedores, en los clientes y en el conjunto de la sociedad.

La periódica medición y el control de indicadores de los resultados (beneficios, rentabilidad) y del nivel de riesgo asumido (solvencia, liquidez, fondo de maniobra, apalancamientos) aportan conocimiento al equipo directivo de la empresa: convicción de que las cosas se están haciendo bien o que se están haciendo mal, lo que exige análisis de las desviaciones e implantar medidas correctoras.

Además, la información ECOFIN aporta magnitudes, indicadores, ratios y otras formas de control de la actividad de cada uno de los departamentos de la empresa, lo que sirve para evaluar, comparar y evaluar el uso que cada uno de ellos hace de los escasos recursos económicos.

Es imposible saber lo que el futuro nos va a deparar, pues en gran parte no depende de nosotros, sino de factores sobre los que no tenemos ni tendremos ningún control. Pero esto no nos libera de la obligación de establecer varios posibles escenarios, cada uno con mayor o menor probabilidad de aparecer: los presupuestos no se hacen para tratar de saber qué va a pasar, sino para saber qué haremos cuando sepamos que no hemos acertado.

La estrategia general de la empresa en el futuro, en la que la misión y visión son protagonistas, exige la planificación de las políticas de inversión y de financiación a medio y largo plazo, para poder anticipar las necesidades y soluciones desde la perspectiva ECOFIN.

La formación, el conocimiento de las repercusiones de las acciones y la adecuación del riesgo a niveles acorde con el perfil elegido posibilitan encarar con mayor seguridad un futuro incierto (nunca fue cierto), dejando atrás a quienes creen que la labor del directivo es sencilla.

En gran medida, la función del directivo es sopesar las diferentes posibilidades y escoger de todas ellas la que mejor se adapte a la estrategia y objetivos, con argumentos y controlando la situación, introduciendo los ajustes necesarios en función de las cambiantes circunstancias.

En definitiva, la toma de decisiones ECOFIN responsables y sensatas exige conocimiento y reflexión: lo que nos jugamos, nosotros y todos los de nuestro alrededor, lo exigen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *