Dirección de personas y desarrollo personal

En un sistema económico globalizado con mercados turbulentos e inciertos, un cambio permanentemente acelerado, con tecnologías de comunicación que llegan a todos, la ventaja competitiva más clara es la del capital humano. Esto se ha afirmado por muchos empresarios y directivos pero la práctica dista mucho de una creencia efectiva en esta dimensión de las organizaciones.

La gestión del conocimiento en las empresas demanda del talento de las personas y éste se desarrolla si el liderazgo es coherente con este principio. Las personas aprenden en un contexto de compartir y en una estrategia empresarial que cuente con ellas. El futuro depende de las personas y su calidad. El elemento diferenciador del éxito o fracaso será la calidad de su gestión.
El Master de Dirección y Gestión de Personas y Desarrollo Profesional de la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio de Valladolid está orientado a capacitar personas para que ayuden a las empresas a que los empleados sean el verdadero capital y elemento diferenciador de las mismas.

El programa en el cual se sustenta repasa todos los sistemas que una empresa pequeña, mediana o grande, pública o privada, hospitalaria o centrada en la enseñanza y consultoría, deben de considerar para llevar a cabo la idea de hoy de que las personas son el verdadero capital de las organizaciones. La función de RRHH tal como se concebía antes (las personas como coste o recurso) se debe terminar.

Con este enfoque los alumnos a través de una metodología activa y con la supervisión de tutores y profesores con experiencia acreditada crecen y maduran como personas. Esta profesión de “gestión del factor humano” no se puede llevar a cabo si los responsables de la misma no tienen un desarrollo personal y madurez importantes.
Tienen que ser capaces de ayudar a la Dirección de la empresa a elaborar la estrategia de la misma, resolver problemas de personal a nivel individual y colectivo, deben gobernar procesos jurídicos y técnicos de gestión así como ayudar a gestionar el cambio de la compañía. Este rol complejo entraña el aprendizaje de competencias técnicas y el desarrollo de las llamadas “emocionales” más importantes, si cabe, que las técnicas.

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