Conversación frente a “inundación”

Voy a tratar el tema de la conversación frente a la “inundación” en el marketing.

Pero, ¿qué entiendo por “inundación”? Por “inundación” entiendo cuando una persona no para de hablar, sin ton ni son.

Hay personas que hablan de lo que sea, sin esperar que el interlocutor intervenga en la conversación, ellos han venido a contar su historia, nimia, y, en cuanto te pones a tiro, abren el “grifo/boca” y te “inundan”.

Hay personas con diferentes diámetros de caños, los hay, y las hay, que son de “caño gordo” y, como te pillen en un momento, te dejan ahogándote en palabras y más palabras. Lo que le ha pasado a la hermana de la vecina del quinto pasa a ser materia de comentario largo y tendido. Obviamente, tú no conoces, ni de lejos, a la hermana, pero al “caño gordo” le da lo mismo.

Los “caño gordos” abundan y, además, tienen otra cualidad: tú eres más o menos simpático en la medida que él, o ella, crea que le prestas atención. Obviamente, sólo su opinión es la que cuenta, pues son ellos/as las que poseen el don de la verdad. ¡Qué grandes genios se pierde el mundo! En unas cuantas horas de monólogos, son capaces de aplicar más “sentido común” que el resto de mediocres que han estudiado para ello. Son unos incomprendidos los pobres.

El resto de tamaños de caños, lo único que les diferencia con respecto a los caños gordos es que “están trabajando en ello”, es decir, a poco que se entrenen tenemos unos caños gordos nuevecitos que luchara por inundar a cuanto incauto quede a su alcance.

Lo que entiendo por conversación. Por conversación entiendo lo que hacen dos o más personas cuando hablan sobre un tema común, y de forma alternativa se va escuchando y hablando.

Es un poco como bailar un vals, no se pude bailar bien si no lo haces de la mano de tu compañero/a, y tienes en cuenta el ritmo y el tempo de la música.

Se trata de escuchar, hablar y disfrutar, sin prisa, y sin miedo a poder expresar lo que uno piensa y siente.

Ahora nos pasamos al campo de mundo comercial, el marketing.

¿En el mundo comercial existen “caños gordos”? La respuesta es sí, muchos. Es también una especie prevalente.

¿Cuántas veces hemos visto comerciales que confunden vender con inundar? En el momento que tienen un posible cliente a tiro, hablan y hablan de sus productos/servicios, no cierran el grifo, y al pobre cliente no le queda más remedio que huir de allí.

He conocido personas que se creen buenos comerciales por que “hablan mucho” y se “expresan muy bien”, pero lo que hacen es inundar a sus clientes, no son capaces de conversar.

El problema se agrava si se junta dos versiones de comerciales, el “caño gordo” y el “National Geographic”.

El “National Geographic” es el que tiene un ego tan grande que el tipo no ha viajado ni cinco centímetros más allá de su yo, que es grande y orondo.

Volviendo al tema comercial, los buenos vendedores conversan, no inundan.

Para vender hay que escuchar, pero de verdad, y construir el argumentario poco a poco de la mano del cliente, aprovechando lo que nos dice, apoyándonos en ello.

Mejor bailar que inundar.

Un ejemplo: Una señora quiere comprar una placa de inducción para cambiar la “vitro” antigua, va a una tienda,…

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